El Juego de Abalorios (IV): ser es transformarse

"Cada uno de nosotros no es más que un hombre, un intento, alguien a medio camino. Pero debe estar a medio camino en la dirección de lo perfecto, debe tender al centro, no a la periferia. Recuérdalo: se puede ser un logico estricto o un gramático y, al mismo tiempo, estar colmado de fantasía y de música. Se puede ser músico o jugador de abalorios y, contemporáneamente, estar entregado por entero a la ley y a la regla. El hombre que imaginamos y queremos, que es nuestra meta llegar a ser, debería poder cambiar todos los días su ciencia o su arte por otro cualquiera; dejaría resplandecer en el Juego de Abalorios la lógica más cristalina y en la gramática la fantasía más ricamente creadora. Así tendríamos que ser, tendríamos que poder ser colocados a cada hora en distinto lugar, sin que nos opusiéramos o confundiéramos".

"Alguien a medio camino". ¿Y si esa fuera la condición radical del ser humano? ¿No es, en el fondo, eso mismo lo que pretende darnos a entender el resto de la cita? No acabar nunca, no detenerse nunca; caer lo menos posible -es imposible no caer en ello- en el error de decir, enfáticamente: "YO", como si semejante barbaridad pudiera sostenerse un momento.

Un momento... Precisamente esa es la clave: la estabilidad, la fijeza, es el error de percepción a que nos lleva lo momentáneo. ¡Si fuéramos capaces de entender que quien dice "yo soy" ha dejado de ser ese en cuanto acaba de pronunciar tan escueta frase! Nadie se baña dos veces en el mismo río, parece que dijo Heráclito; pero es que nadie se baña dos veces, tampoco, en el agua de la misma bañera, pues, aunque esta no fluya durante un tiempo, quien se baña no ha dejado de fluir.

Pero es de otro cambio del que habla Hesse, y yo con él. Del cambio determinado por la voluntad; por una voluntad que concuerda deliberadamente con esa ley suprema de la naturaleza, que aborrece lo estable mucho más que el vacío. Si hubiéramos caído en la cuenta de que apenas hay algo más móvil que el pensamiento -el sueño, sin duda, pero quizá sea lo único-, habríamos descubierto, Descartes antes que nadie, que al decir: "cogito ergo sum" estamos diciendo "muto ergo sum"; aunque a menudo sea precisamente el pensamiento quien se complace en la fosilización de sus propios contenidos.

Es contra esa esclerosis contra lo que se levanta Hermann Hesse en las líneas citadas; contra esa aberrante rebeldía frente a lo que nos es más propio, nuestra naturaleza. Y con ello ni él ni yo abogamos por el cambio permanente en lo exterior, sino por la apertura radical ante todo lo que nos es dado, por la puesta en cuestión de todas las certidumbres, por el gozo de la multiplicidad que la naturaleza exhibe en todas sus manifestaciones. ¿Es pura casualidad que un contemporáneo de Hesse, Stefan Zweig, escribiera La embriaguez de la metamorfosis, y que otro, Thomas Mann, imaginara en su juventud y recuperara al final de su vida al fantástico suplantador de personalidades llamado Felix Krull?

Felix: feliz.

#cómosellegaaserloquesees

Archivo del blog
Entradas recientes
Search By Tags
No hay tags aún.
Follow Us
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic