Parque (jurásico) humano

En 1999 el filósofo alemán Peter Sloterdijk despertó un enorme alboroto con su conferencia, luego convertida en texto impreso, titulada “Normas para el parque humano”. Al decir “parque” pretendía dar a entender “parque zoológico”, o más exactamente, un parque similar a los modernos zoológicos dedicado a lo que denominó “antropotecnia”, y en consecuencia poblado solamente por una especie: la nuestra. No pretendo comentar su texto, ni mucho menos emularlo; simplemente tomo en préstamo esa imagen que me ha venido a la mente al leer en días sucesivos dos noticias, en cierto modo complementarias, en un periódico de difusión nacional. La primera de ellas la comenté a vuelapluma en la entrega precedente; hacía referencia al precio desorbitado del medicamento que, al parecer, cura la hepatitis C (leer aquí) y de ese modo aumenta de manera notable la expectativa de vida, de una vida con una calidad elevada, si no hay otra enfermedad por medio, de quienes padecen dicha patología viral.

La segunda parece no tener nada que ver con la anterior, pero estoy seguro de no haber sido el único que las ha relacionado. Se refiere a la inauguración del restaurante de un célebre chef español en el que una cena costará, individualmente, mil seiscientos veinticinco euros (leer aquí).

Sesenta mil euros, en el caso del tratamiento más reciente y exquisito; veinte mil, el que, con un fármaco al parecer igual de eficaz, aunque algo más “antiguo” y menos exquisito, ha conseguido nuestro Ministerio de Sanidad con el laboratorio que tiene la patente, a cambio de garantizarle un mercado tan apetitoso como es el del sector público español (leer aquí). Y cabe pensar que, para no quedar demasiado mal, los técnicos de ambas compañías han fijado un precio inferior al que habrían deseado.

No he podido dejar de recordar Jurassic Park, la novela de Michael Crichton llevada al cine de una manera enfermizamente ridícula años después de su publicación; porque hay que decir que, a pesar de ciertas licencias, la novela es excelente; un ejemplo de su valía es, precisamente, lo que he recordado al leer en paralelo ambas noticias. Helo aquí.

Cuando recibe la información del ingenioso método de clonación utilizado para crear la fauna del parque y observa el equipo humano y técnico necesario para llevar a efecto la tarea, uno de los personajes pregunta al empresario que ha ideado el parque si no se había planteado alguna vez emplear semejantes medios humanos y técnicos en buscar algún medicamento, por ejemplo la mítica cura del cáncer. El empresario le responde que eso habría sido una estupidez, pues, de haberlo logrado, millones de personas habrían levantado la voz hablando de derechos, o de filantropía, o de ambas cosas, reclamando que semejante medicamento pudiera llegar a cualquier paciente, mientras que la inversión en ocio no es susceptible de despertar reivindicaciones éticas: “esto es sólo para divertirse; si tienes para pagarlo y lo haces, tuyo es”, y –apostilla- cuanto más caro, más atractivo para quien puede pagarlo, pues así se siente superior a quienes no pueden hacerlo.

¡Brillante Crichton! Ahora sabemos que el parque humano de Sloterdijk es un parque jurásico. ¡Cuidado al moverse en su interior! Hay monstruos (y no lo son sólo los que cobran).

#claroscurosculturales

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