Zorba

Como tantos otros sigo con preocupación, desde hace tiempo, las noticias que nos llegan sobre la situación de Grecia. Esta vez no pienso hacer comentario alguno de índole política. Diré simplemente, y de manera muy poco original, que me duele Grecia. En ratos de ocio melancólico, si es que la melancolía puede ser ociosa -tiendo a pensar que es más bien un tono vital sorprendentemente creativo, una auténtica ACTIVIDAD-, me he preguntado si podría hacer algo por ese país y por sus gentes.

Estoy muy lejos de idealizar a esas personas. Sé que se parecen más a nosotros que a sus míticos ancestros; que entre ellos menudean los pícaros, como entre nosotros; que se divierten con realities televisivos; que quizá yo mismo, sin ser un experto, sé mucho más de la historia de su cultura, y la venero más profundamente, que la gran mayoría de ellos; que hoy puede haber más Odiseos en Tucumán, en Bamako o en Madrid que en Ítaca, y más Platones en París que en Atenas. Pero sé también que muchos miles de griegos sufren hoy como sufrieron en los tiempos en que "mi" Hölderlin escribió su Hiperión. Y me he preguntado -repito- qué podría hacer por esas personas.

Hace unos días se me ocurrió algo; una respuesta a esa pregunta: "voy a leer la novela más famosa de Nikos Kazantzakis: Vida y aventuras de Alexis Zorba".

Cuando aquella obra gozó de cierta celebridad entre nosotros yo era demasiado joven. Dicha notoriedad se la dio una película que nunca he visto, y tampoco se me pasó entonces por la cabeza leer la novela. Más tarde he tenido alguna noticia acerca de su contenido, y recordándolo ahora me ha parecido que podía ser una lectura pertinente. Pero pertinente, ¿por qué y para qué? O más exactamente, ¿qué clase de respuesta a la pregunta sobre cómo ayudar a los griegos era esa: leer una novela?

Ante esa segunda interrogación me puse a pensar de nuevo. La idea tenia algo, pero era absolutamente irrelevante. ¿Cómo conferirle la deseada eficacia? "Si se pudiera -pensé- hacer algo así como una edición solidaria, de manera que de lo pagado por el comprador una parte se destinara...". Pero se destinara, ¿a qué? ¿Al pago de la deuda griega? En este punto ni siquiera me planteaba la cuestión del desaforado importe de la misma; sencillamente me parecía lo más opuesto a ese "algo" que seguía atisbando en el fondo de mi idea.

Por otra parte desconozco las dificultades que podría tener un proyecto así y además sé de sobra lo torpe que soy para este tipo de cosas. Añádase que para alcanzar un efecto significativo habría que vender... ¿cuantos libros?

Pero sobre todo, ¿no es precisamente el dinero lo que está detrás de esta desgracia, de esta vergüenza? ¿Por qué aceptar, en tal caso, las reglas del juego, de un juego que, probablemente, ni siquiera garantiza una ganancia pasable?

No. La idea era correcta, y no tenía "algo"; la idea lo era todo. Ahora lo sé. Por lo que conocía acerca de la humanidad del personaje Zorba, merecía la pena hacerlo volver a vivir a través de mí; que al menos una persona en el mundo hiciera resonar de nuevo sus palabras, sacara a la luz sus sentimientos, su mítica vitalidad, su arraigo en la tierra sagrada bajo el sol de los antiguos dioses y junto al mar color de vino. Y Zorba era pobre. No hay que ofender a su memoria mentando el dinero.

Escribir un libro -o leerlo- no dará de comer a un niño hambriento. Mi amigo Ernesto (Sábato) dejó esta verdad por escrito; pero escribió, y creo entender que lo hizo porque se dió cuenta de que quien no escribe -o no lee- a causa de una mala conciencia basada en este hecho irrefutable está haciendo las cosas aún más fáciles a quienes sólo desean dinero y poder, pues está renunciando a su humanidad. Y lo está haciendo gratis y hundido en la sumisión.

Habrá quien se ría de mí; ojalá se equivoque. Ojalá la razón esté de mi lado, aunque ningun niño que viva hoy deje de pasar hambre por mi acto loco e inútil. Loco e inútil como yo mismo cuando invito a los amigos que comparten este blog que realicen ese acto supersticioso, este brindis al sol -¡a Helios!-: leer conmigo Vida y aventuras de Alexis Zorba. (No creo necesario decir que ver la película no vale).


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