DOCILE PLEBES. LA CRÍTICA POLÍTICA A LA PSICOTERAPIA EN EL PENSAMIENTO DE JAMES HILLMAN (III)

Una propuesta terapéutica: volverse hacia el alma del mundo

Lucifer: el portador de luz. En el contexto en que nos movemos podríamos atrevernos a traducirlo como “el que trae Las Luces”. Verdaderamente hay algo de libertino, en el sentido que tuvo este término en el entorno de l’Encyclopédie, en la tesis de Hillman. ¿Se trataría, pues, de una especie de vuelta atrás, de un retroceso, o más bien de una recuperación de algo que la humanidad occidental habría perdido por el camino? ¿Es la de Hillman una filosofía similar a la de la Ilustración? No parece que pueda buscarse en esa etapa de la historia sus modelos. Los antiguos griegos, los renacentistas italianos y los románticos alemanes son los modelos a los que acude reiteradamente a lo largo de su obra, y es una idea común que el romanticismo, particularmente el alemán, es una reacción contra la Ilustración. Pero no todo el mundo ha pensado así. Autores con un olfato más fino, como el nada sospechoso de romanticismo Isaiah Berlin, han considerado que el verdadero romanticismo se caracteriza por una fidelidad a los más altos ideales de la Ilustración que estuvo ausente de la burguesía ascendente después de la Revolución francesa. Esa fue la razón por la que los constructores de la restauración lo consideraran “una de las cabezas de la Hidra” y “una amenaza de la izquierda a la religión, a la tradición y al pasado” (Berlin, 2000: 34-35). Los románticos auténticos fueron revolucionarios; los burgueses “filisteos”[i] se quedaron con lo peor del romanticismo, convirtiendo lo profundo en lo íntimo-hogareño, es decir, limpiando con lejía los rincones más temibles de esa profundidad. Algo parecido considera Hillman que ha ocurrido con la psicoterapia: de ser una indagación en lo reprimido (Freud) o en lo numinoso y demónico del alma humana (Jung) ha pasado a convertirse en lo que Nietzsche consideró en su época que eran la religión y las filosofías al uso: Narcotica (Nietzsche, 1999: 444 [86] y 492 [147]). En concreto, la mirada dirigida hacia esa infancia en que surgió, según unos, el complejo de Edipo, o bien hacia esa otra que, según otros, pervive como imagen arquetipal a lo largo de toda la vida, produce, si se convierte en la única tarea, efectos socialmente indeseables:

The vogue today, in psychotherapy, is the “inner child”[ii]. That’s therapy thing –you go back to your childhood. But you’re looking backward, you’re not looking around. This trip backward constellates what Jung called the “child archetype”. Now, the child archetype is by nature apolitical and disempowered –it has no connection with the political world. And so the adult says, “Well, what can I do about the world? This thing’s bigger than me”. That’s the child archetype talking. “All I can do is go into myself, work on my growth, my development, find good parenting, support groups”. This is a disaster for our political world, for our democracy. Democracy depends on intensively active citizens, not children (Hillman; Ventura, 1992: 5-6).

¿Qué habría que hacer entonces? ¿Renegar de la psicoterapia, abandonarla? ¿No tendría ya nada más que ofrecer? Quien quiera que tenga conocimiento de la obra de Hillman sabe que no es así. Simplemente se trata de reconocer los errores cometidos y escuchar las demandas del presente, con lo que tal vez ni siquiera se esté planteando algo radicalmente nuevo, sino recuperando un saber original que se había perdido con la rutina, con la simplificación, con la resignación:

I would rather define self as the interiorization of community (…) So it wouldn’t be, “I am because I think” (Cogito ergo sum, as Descartes said), It would be, as somebody said to me the other night, “I am because I party”. Convivo ergo sum (Hillman; Ventura, 1992: 40).

Pero esta convivialidad no se detiene en el resto de seres humanos:

And “others” would not include just other people, because community, as I see, is something more ecological, or at least animistic. A psychic field. And if I’m not in a psychic field with others –whit people, buildings, animals, trees- I am not (Hillman; Ventura, 1992: 40).

Un territorio psíquico. “First psyche, then world; or through the psyche to the world” (Hillman, 2013: 53). Aquí topamos con el núcleo duro de la psicología hillmaniana; el que explica profusamente en sus dos grandes obras teóricas, The Myth of Analysis (1972) y Re-Visioning Psychology (1975), y de manera más concisa en Anima mundi (1982). Las consecuencias del reconocimiento de que nuestra alma es solo una parte del alma del mundo y, por consiguiente, que hay un alma en las cosas[iii], alcanzan tanto a la terapia como a cada uno de los aspectos, supuestamente nimios, del marco en que se realiza, así como a la toma de conciencia de que uno está en comunicación con su alma también en el resto de las horas del día que pasa fuera de dicho entorno:

Recognition that the soul is also in the world may awaken us from the psychotherapeutic trance in which we pay a hundred dollars for one hour of subjectivism and no more than 19.95$ for a beach chair in whose cold metallic arms and plastic lap reflection actually takes place, day after day (Hillman; Ventura, 1992: 119).

De manera que uno no puede, en realidad, cuidar su alma si no cuida al mismo tiempo del mundo que le rodea: de los otros, de la casa –oikos en griego-, de la ciudad –en griego polis-, de la naturaleza… ¿Y de dónde, sino de oikos, procede el término “ecología”, como “política” proviene de polis?

City is psyche. It took the last several decades for therapy to learn that body is psyche, that what the body does, how it moves, what it senses is psyche (…) The Greeks knew this. The polis was the other half of mythos (Hilmman; Ventura, 1992: 82).

Así pues, volverse hacia el alma del mundo no significa desinterés por lo concreto, especulación metafísica, absorción por el propio yo, sino todo lo contrario: cuidado de uno mismo, de los otros y del mundo; en suma, política.

Una segunda propuesta: reconocer la oscuridad de la psique

A consecuencia de lo anterior, la propuesta de Hillman tampoco representa comodidad, sino más bien todo lo contrario. Frente a la Gemütlichkeit del filisteo del periodo Biedermeier nuestro autor pretende volver al romanticismo genuino, el del Schelling de la Weltseele y el Novalis de los Hymnen an die Nacht; a ese mundo en el que el confort no era un valor sino más bien lo contrario; en el que no por casualidad la palabra “alma” aparecía en los poemas, en los textos filosóficos y en las novelas con inusitada reiteración y pocas veces en un contexto simplificador. El alma no está ahí, no es algo dado de una vez para siempre: se hace, se construye. Recordemos que soul making es uno de los conceptos clave del pensamiento hillmaniano, y ese hacerse exige trabajo, casi siempre contra naturam[iv]. Las facilidades no tienen nada que ver con la construcción del alma, si no es para estorbar la tarea. Por eso, en el combativo escrito que constituye la guía de este trabajo, Hillman se muestra crítico incluso con el cuidado de los psicoterapeutas por crear un ambiente amable en sus salas de consulta:

“Good” design can lead to the mediocrity of normal adaptation rather than into the deeps of the soul (Hillman; Ventura, 1992: 127).

Puede no parecer demasiado caritativo. El caso es que Hillman ha llegado a la conclusión de que hacer agradable la terapia al paciente es, en verdad, un engaño, porque está en la esencia de lo que llamamos alma contener un gran caudal de oscuridad, eso que Jung llamó “la Sombra”, der Schatten. Y si la función de la terapia es sacar las verdades ocultas a la luz, su tarea fundamental, aunque aparentemente paradójica, debe ser sacar a la luz lo que por definición no puede iluminarse, sino solamente acceder a la consciencia en su forma natural: la de lo tenebroso, inquietante, unheimlich.

Depth means death and demons and dirt and darkness and disorder and a lot of other industrial strength d words familiar to therapy, like dysfunctional, disease, defense, distortion, drives, drugs, and despair. So design that invites depth will indeed focus on form, but this focus will not exclude the pathological. The problem for the designer, like that for the therapist, is to coordinate the pathological within design, so that psyche’s d’s are neither excluded like a Dysneyland mall nor running around loose like an urban sprawl. Therapy has to be sublime. Terror has to be included in its beauty. So too in design (Hillman; Ventura, 1992: 127).

Esto puede parecer demasiado radical; el hecho es que, en efecto, Hillman aboga por un cambio radical porque, en su opinión, “the world’s getting worse”. En una ocasión lo formula a modo de pregunta retórica: “In a nutshell: is the world in extremis because we won’t go to extremes?” (Hillman; Ventura, 1992: 161). El caso es que su respuesta, como estamos viendo, se aleja de toda retórica. Nos falta –a todos: pacientes y terapeutas- decisión para llegar hasta el extremo, o bien, para utilizar la terminología analítica, a la profundidad; y por una curiosa peripecia de la historia en nuestros días lo profundo está también ahí fuera:

This issue goes to the roots of the political role of therapy. If I am right that a major task of therapy is to work with the pathological ferment in the body politic, then compliance with normalization subverts its political task (Hillman; Ventura, 1992; 156).

Desde este punto de vista la psicoterapia no tiene que caer en la trampa médica, si así puede decirse, de la oposición entre lo normal y lo patológico. Su tarea no sería reintegrar al paciente al dominio de la normalidad, sino incrementar su consciencia:

Maybe I am an idealist, but I still believe therapy is engaged also in raising consciousness (Hillman; Ventura, 1992: 156).

¿No era ésta, al fin y al cabo, la idea del creador de la psicología profunda? ¿Y no implica el incremento de la consciencia también lo que concierne al alma del mundo, incluido lo que llamamos política, un territorio por el que sin interrupción se pasea la Sombra?

[i] Philister –filisteo- era el nada cariñoso apelativo que los estudiantes universitarios daban en aquella época a los burgueses sin educación superior. El término fue adoptado también por los artistas para desmarcarse de una clase social que solo buscaba el medro y la ausencia de complicaciones.

[ii] Hillman ha estudiado de manera prolija el arquetipo del puer aeternus descrito por Jung, caracterizándolo como “narcissistic, inspired, effeminate, phallic, inquisitive, inventive, pensive, passive, fiery and capricious”. (Hillman, 2013: 46). Lo asocia a las figuras de Icaro y Ganímedes para decir: “it must be weak on earth, because it is not at home on earth (…) The horizontal world, the space-time continuum , which we call ‘reality’ is not its world (…) Death does not matter” (p. 47); y más adelante: “The puer gives us connection to the spirit and is always concerned with the eternal aspect of ourselves and the world. However, when this concern becomes only puer, exclusive and negative, the world is itself in danger of dissolution into the otherworldly”. (p. 51). Otra prueba del potencial retardatario de este arquetipo la aporta uno de sus rasgos más característicos: la nostalgia –Pothos-. al que dedica un capítulo completo en la obra citada: “Pothos: The Nostagia of the Puer Eternus”, pp. 172-185.

[iii] Aunque el propio Hillman ha utilizado el término “animismo” en uno de los fragmentos transcritos no debe entenderse, ni entonces ni en el contexto de esta cita, que se refiera concretamente a ese tipo de religiosidad, pues a lo largo de su obra ha dejado bien claro que la percepción original de que el alma trasciende los límites del cuerpo, y en consecuencia puede encontrarse en cualquier parte/ en todas partes, es algo radicalmente psicológico.

[iv] Así califica el trabajo de “hacer alma” –soul making- al desarrollar los puntos de vista psicológicos de su maestro Jung sobre la alquimia, que en su aspecto puramente técnico, o mejor, en las pretensiones del mismo, sería, por definición, un opus contra naturam. : “Freeing the psyche from its material and natural view of itself and the world is an opus contra naturam, a work against nature (…) Although working with natural materials such as urine, quicksilver, or antimony, alchemy changed these substances into fantasies. It recognized the substantial nature of fantasy and the fantasy aspect of all natural substances. This was its true opus contra naturam: the transmutation, within the alchemist himself, of the natural viewpoint into the imaginal viewpoint”. (Hillman 1975: 91).

#Hillman #psicoterapiaypolítica

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